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La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión...

  La princesa está triste.. Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro; está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? ¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminos...

Dicen que el mar es como una mujer, pero menos peligroso. Y aunque fuera cierto, yo hubiera muerto por ella, o mejor dicho, hubiera dado la vida.

  Dicen que el mar es como una mujer, pero menos peligroso. Y aunque fuera cierto, yo hubiera muerto por ella, o mejor dicho, hubiera dado la vida. Y mi obituario proclamaría que había vivido mucho en tan poco tiempo, que había logrado casi todo en la vida y que había sido un buen hombre; sin duda omitiendo las malas costumbres y unos cuantos vicios de los que estoy hecho y no reniego. Lo que tampoco diría, era que había conquistado el mar de la espalda de una mujer que siempre le iba de frente a todo. ¿Al final de la vida, quién escribe su propia biografía? ¿Quién la lee?, sino el que la ha vivido. Hay mujeres que son un laberinto, un acertijo por descifrar. Hay mujeres imposibles, y después ella, mujer mar; donde todas fluían en un mismo remolino, donde el amor era un naufragio y sobrevivirlo era extinguir en su cuerpo la noche. Si algo aprendí de ella, era que solo importaba lo vivido, y que algunas marcas no siempre eran cicatrices, sino tatuajes donde un...

Me gustan las orquídeas. Tan frágiles y tan hermosas, tan efímeras como despiadadas.

  Me gustan las orquídeas. Tan frágiles y tan hermosas, tan efímeras como despiadadas. Déjeme contarle de ellas, y créame que no las utilizo como una metáfora para entender a la mujer. No. Así que, présteme atención, porque aunque las orquídeas tengan un sinnúmero de colores y formas, al final todas son igual de desalmadas. Se lo digo yo, que sin un solo gesto de su parte aprendí a amarlas más allá de sus desaires. Es que las orquídeas lo seducen a uno, cual exótico racimo de clítoris en procesión por el tallo. Pero usted nunca se vaya a enamorar. Porque no importa cuánto cuidado y atención les ponga, cuánto amor o cuánta agua, ellas permanecerán hasta que se les dé la gana, mirándolo mirarlas con la cara florecida, hasta que un día cualquiera la flor más añeja atisba una queja marchita que cada una de sus hermanas sucesivamente convierte en eco. Cuando esto pase, usted no se desespere, porque no hay mucho que pueda hacer por ellas, ya que al morir la primera...

Sin saberlo, había cortado de un tijeretazo el hilo del miedo que nos ata a las cosas seguras de cada día.

A pesar de todo, era lunes. Se vendó la herida y salió hacia la oficina. Trataba de no pensar en el dolor para sentirse más fuerte y cuando venía una punzada, respiraba hondo, como le habían enseñado de niña al ponerle inyecciones. Se le perdía la vista en todo lo que la rodeaba dentro de aquel cubículo de cristal y le resultaba tan extraño como si estuviera dentro de la vida de otra persona. Y tal vez era así, porque ¿dónde estaría ella en ese instante si pudiera elegir cualquier sitio del mundo? En sus brazos, pensó, y una aguja le atravesó el alma desde la herida, y tuvo que sujetarse el estómago con los brazos para soportar el dolor. En esa postura, vio un hilo que colgaba de su silla. Pensó que se le había deshilachado el dobladillo del vestido, pidió unas tijeras y lo cortó sin darle mayor importancia, pues ni aunque hubiera naufragado un barco ante sus ojos le habría podido doler la tragedia más que su propia existencia. De súbito, empezó a ver en su cabeza pai...

"Madrid sin ti". Ya no lloro, ya no hay más lágrimas de este amor sin papeles que tú escribiste en el agua.

Ya no lloro, ya no hay más lágrimas de este amor sin papeles que tú escribiste en el agua. Ahora hay siempre ruido, tráfico fluido en la M30, tormentas eléctricas, nubosidad variable, cables partiendo los cielos, cortinas en las ventanas y tu nombre siempre ahogándose en la garganta. Pero, sabes, yo ya no lloro ni por el cielo quebrado de cables como una cárcel de pájaros, ni por la lluvia que aún se atreve a caer sobre esta ciudad sin ti. Ya no hay más lágrimas, y tan solo quisiera poder explicarle al mundo que he dejado de creer en milagros, que no sé qué es de tu vida, y que tal vez lo mejor sea conformarnos con existir. Y que yo ya no lloro, aunque sobrevivir duela un poco más cada día en esta ciudad llena de ruido y sin ti. Pero aún me queda ese minuto cada treinta y siete horas en que me salto todas las ordenanzas y pienso desorbitadamente en ti. Y en ese minuto de oxígeno, sabes, casi logro sonreír. Y entonces se hace el silencio, y aunque no recuerdo bien ...

"Si tú me olvidas", un poema imperdible de Pablo Neruda que debes leer

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, nació en Parral, Chile, el 12 de julio de 1904 y falleció en Santiago de Chile, el 23 de septiembre de 1973. Fue uno de los más destacados poetas del mundo. En el año 1971 fue condecorado con el Premio Nobel de Literatura. QUIERO que sepas  una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos ...

Es más fácil criar a una guerrera hoy que arreglar a una mujer rota mañana

Actualmente aún se intenta educar a las niñas como princesas para que encuentren a su príncipe azul y puedan vivir felices para siempre. La realidad que esto está más que obsoleto y que las niñas no tienen que ser princesas si no es lo que quieren. Las niñas tienen sangre de guerreras y es que las mujeres son eso, toda fuerza… y  deben saber que la tienen para sacar su máximo su potencial. Cuando se educa a una niña para ser una “princesa” se hace de manera sutil y casi sin darnos cuenta para que sea débil y que no sea capaz de cuidarse a sí misma. Una mujer guerrera (o fuerte)  se empieza a crear en su más tierna infancia  y es por eso que debemos tener en cuenta que si les educamos para que crezcan sabiendo su valía, el día de mañana serán mujeres con mucho potencial que sabrán cómo enfrentarse a la vida sin necesidad de depender de otras personas para que “las salven”. No perjudiques su desarrollo No lo haces a propósito pero puedes estar perjudi...