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Bien decía mamá que el amor es como una plantita, y para que crezca y florezca, a diario hay que regarlo, y cuidarlo, y valorarlo, y presumirlo, y apapacharlo...

 

“Poco a poco se nos juntan los pendientes, ya casi nunca hablamos de esos planes en donde escaparíamos sin pedirle permiso a nadie, ya casi nunca hablamos de esos futuros interminables, ni de las tantas vidas que estaríamos juntos después de esta, ni de casarnos en un pueblito bajo el primer árbol que encontráramos.
Ni siquiera podemos ponerle fecha a ese café desde hace meses, ni siquiera podemos ir a cenar a ese lugar de donde antes no nos sacaban, ni siquiera cuando suena esa canción en el carro nos tomamos la mano, ni siquiera podemos quedarnos viendo a los ojos por más de ocho segundos sin sentirnos incómodos y mirar pa' lado.
No recuerdo la última vez que nos besamos hasta cansarnos, no recuerdo la última vez que nos abrazamos sin querer soltarnos, no recuerdo la última vez que contamos los días y nos emocionamos por vernos, no recuerdo la última vez que llamaste o llamé sin ningún motivo y nos quedamos hablando por horas sin querer colgarnos.



¿Cómo se deja ir al amor de tu vida? Pienso cuando no estás conmigo, cuando te veo y me veo atrapados por la costumbre, cuando me besas y te beso por rutina y no por ganas, cuando siento que quizá seríamos más felices lejos que cerca, cuando parece que el amor le llegó la fecha de caducidad entre nosotros.
Bien decía mamá que el amor es como una plantita, y para que crezca y florezca, a diario hay que regarlo, y cuidarlo, y valorarlo, y presumirlo, y apapacharlo, entendiendo que no siempre será primavera, pero que con paciencia, cariño y compromiso, cuando los malas rachas lleguen y la cosa marchite un poco, siempre se puede volver a florecer”.
De caducidades y plantitas.

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